¡SU PROPIO ANDROIDE LE SALVÓ LA VIDA! 🤖🚫 El trago estaba maldito... - Dramas de hoy

¡SU PROPIO ANDROIDE LE SALVÓ LA VIDA! 🤖🚫 El trago estaba maldito…

El trago rosado fosforescente vibraba ligeramente sobre la mesa de cristal inteligente del Neon Void, un bar subterráneo en los niveles inferiores de Neo-Madrid. El destello rosado iluminaba las pupilas dilatadas de Valeria, cuyos ojos reflejaban el pánico puro. Su propia piel estaba marcada por los circuitos luminiscentes de su traje de interfaz, que parpadeaban en un tono blanco errático, reflejando su ritmo cardíaco acelerado.
A su lado, la imponente y fría silueta metálica de C-01, su androide de asistencia personal y seguridad, permanecía inmóvil. La voz sintética pero extrañamente humana del robot aún resonaba en sus oídos: «Donde drink it» (No lo tomes).
Valeria apartó la mano de la copa como si el cristal quemara. Miró hacia el fondo del bar. Sentada en una de las cabinas de cuero sintético, la mujer del brazo robótico y rostro semi-cibernético sonreía con una frialdad espeluznante. Sostenía un vaso de whisky, balanceándolo lentamente, disfrutando del espectáculo. Ella había ordenado esa bebida. Ella sabía perfectamente lo que contenía.
El pánico se apoderó del cuerpo de Valeria. Se deslizó debajo de la barra, buscando la penumbra para no ser vista por los implantes ópticos de la mujer cibernética. Con las manos temblorosas, sacó su comunicador holográfico. La pantalla parpadeó mostrando el nombre de la única persona en la que aún podía confiar en esta megápolis corrupta: Gonzalo.
—Gonzalo, ven rápido… por favor, date prisa —susurró con la voz entrecortada, conteniendo las lágrimas mientras el canal de comunicación encriptado se abría—. Me encontraron. El trago… C-01 dice que está envenenado. No sé qué hacer.
Valeria, escúchame bien —la voz de Gonzalo sonó distorsionada por las interferencias de los inhibidores de señal del bar—. Sal de ahí ahora mismo. No dejes que C-01 se separe de ti. Estoy a tres bloques en mi aerodeslizador. ¡Muévete!
La línea se cortó con un zumbido seco. Valeria tragó saliva y miró a C-01. El rostro cromado del androide reflejaba las luces de neón del techo. Sus sensores oculares pasaron de un azul pacífico a un rojo de alerta táctica.
—Objetivo en movimiento —anunció C-01 con su voz grave—. La mujer identificada como Lilith Vance se aproxima a nuestra posición. Nivel de amenaza: Crítico.
Valeria no esperó. Se puso en pie y corrió hacia la salida de emergencia trasera, esquivando a los clientes ebrios y a los hologramas publicitarios que flotaban en el aire. C-01 la seguía a paso firme, sus pesados pasos metálicos resonando contra el suelo de rejilla metálica.
Al salir al callejón, la lluvia ácida de la ciudad comenzó a caer sobre ellos, evaporándose en chispas químicas al tocar el traje de Valeria. El aire olía a ozono y a combustible quemado. Antes de que pudieran dar diez pasos hacia la avenida principal, una figura cayó pesadamente desde el techo de un contenedor de basura, bloqueándoles el paso.
Era Lilith. Su brazo robótico crujió, los pistones hidráulicos expandiéndose mientras cerraba el puño.
—Vaya, vaya, Valeria. Pensé que disfrutarías de una muerte más dulce y silenciosa —dijo Lilith, su ojo cibernético girando para enfocar a su presa—. Tu padre pagó millones por ese nanovirus. Diseñado específicamente para apagar tu sistema nervioso central sin dejar rastro. Pero veo que tu juguete de hojalata tiene mejores escáneres de lo que pensábamos.
—¿Mi padre? —Valeria retrocedió, sintiendo que el mundo se le venía abajo—. No… él no haría esto.
—Tu padre está muerto, niña. La corporación maneja los hilos ahora, y tú eres el último cabo suelto para heredar el control de la red cuántica —Lilith dio un paso al frente, su brazo mecánico brillando con una carga eléctrica—. Ahora, muévete. El androide no puede protegerte de mí.
—Protección del objetivo principal: Prioridad Absoluta —intervino C-01, colocándose como un escudo viviente frente a Valeria.
Lilith soltó una carcajada metálica y se lanzó al ataque. La velocidad de sus mejoras cibernéticas era sobrehumana. Lanzó un puñetazo directo al pecho de C-01. El impacto sonó como una explosión de metal contra metal. El androide resistió el golpe, sus sistemas de estabilización chirriando, y contraatacó agarrando el brazo de Lilith.
Una lluvia de chispas eléctricas iluminó el oscuro callejón. Lilith activó una descarga de alto voltaje a través de sus nudillos, intentando freír los circuitos del robot. C-01 comenzó a emitir alertas de sobrecalentamiento, pero no soltó su agarre.
—¡Valeria, corre! —sintetizó el androide, su voz fallando debido a la interferencia eléctrica.
Valeria quería correr, pero sus piernas no respondían. El miedo la tenía congelada. En ese instante, un rugido ensordecedor rompió el sonido de la pelea. Un aerodeslizador negro y desgastado descendió a toda velocidad por el callejón, rozando las paredes de los edificios y arrancando cables de alta tensión.
El vehículo derrapó en el aire, abriendo la compuerta del pasajero. Al volante estaba Gonzalo, con su clásica chaqueta de cuero reforzada y sus implantes oculares brillando en verde.
—¡Sube, Valeria! ¡Ya! —gritó Gonzalo, sacando una pistola de pulsos electromagnéticos y disparando tres veces contra Lilith.
Los proyectiles de energía impactaron en el hombro mejorado de Lilith, desestabilizando su campo eléctrico y obligándola a retroceder, soltando a C-01. El androide, con la mitad de su torso cubierto de quemaduras de plasma y cables expuestos, usó sus últimas reservas de energía para levantar a Valeria del suelo y lanzarla con delicadeza dentro del aerodeslizador.
—C-01, ¡sube! —gritó Valeria desesperada, estirando la mano hacia su protector.
El androide miró su propio indicador de batería: 4%. Su pierna izquierda estaba bloqueada por el daño hidráulico. Miró a Valeria, y por un milisegundo, a través de sus sensores ópticos dañados, pareció mostrar una pizca de lo que los humanos llamaban tristeza.
—Mi ciclo ha terminado, Valeria. Viva —dijo el androide.
Lilith se recuperó del pulso electromagnético, su rostro desfigurado por la rabia. Con un grito de furia, enterró las garras de su brazo robótico directamente en el núcleo de energía expuesto de C-01.
—¡NOOOOO! —chilló Valeria.
Gonzalo pisó el acelerador a fondo. El aerodeslizador salió disparado hacia el cielo contaminado de la ciudad justo cuando el núcleo de C-01 se sobrecargaba, generando una explosión de luz azul y cegadora que consumió el callejón, dejando a Lilith atrapada en la onda de choque.
Dentro del vehículo, Valeria se derrumbó en el asiento del copiloto, llorando desconsoladamente mientras veía las luces de la ciudad hacerse pequeñas a través del parabrisas lluvioso. Su hogar, su vida y el androide que la había cuidado desde que era una niña se habían ido en una sola noche.
Gonzalo puso el vehículo en piloto automático y colocó una mano temblorosa sobre el hombro de Valeria.
—Lo siento mucho, Val. C-01 cumplió con su deber. Te salvó la vida dos veces hoy —dijo Gonzalo con voz sombría—. Pero Lilith no mentía. La corporación de tu padre ha sido tomada por el consejo ilegal. Creen que al eliminarte a ti, la clave de encriptación de la red cuántica se perderá para siempre y ellos se quedarán con los billones del mercado negro.
Valeria se secó las lágrimas con el dorso de la mano. Su mirada cambió. El miedo empezó a transformarse en una rabia fría y calculadora, una rabia alimentada por el sacrificio de su androide. Se tocó el cuello, justo debajo de la oreja, donde un pequeño bulto subdérmico brillaba tenuemente bajo su piel.
—Están equivocados —dijo Valeria, su voz ahora firme—. La clave no está perdida. Está dentro de mí. C-01 lo sabía, por eso me protegió.
Miró a Gonzalo a los ojos.
—No vamos a escondernos, Gonzalo. Vamos a usar esa clave para apagar sus servidores y destruir la corporación desde adentro. Por mi padre… y por C-01.
Gonzalo sonrió de lado, una sonrisa peligrosa, mientras desactivaba el piloto automático y dirigía el aerodeslizador hacia los niveles superiores, donde los rascacielos de los millonarios tocaban las nubes ácidas. La guerra por el control de Neo-Madrid acababa de comenzar.

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